Y pudo nomás. Argentina pasó a la final a puro aguante
y resistencia. Un partido pensado sobre todas las cosas. No hubo demasiadas
situaciones de gol para ninguno de los dos equipos, tampoco faltas. Fue un
partido que se debatió en la mitad de la cancha. Donde el respeto era mutuo,
distante. El equipo argentino de la mano de Sabella pasó a una final de la Copa
del mundo después de 24 años. Es difícil no poner el corazón delante de todo.
Los penales fueron como lo que son, un nervio detrás de cada tiro al arco. De
aquí en más, en palabras del periodista Gonzalo Bonadeo, “ceder la fe es algo
absurdo”. ¿Qué sentido tendría? Un paso más hacia la victoria. Argentina se
quedó con el resultado a favor porque fue más que Holanda. Digamos que creció
en cada partido hasta aquí. Tuvo un
comienzo flojo desde lo táctico y ofensivo. Luego se fue dando cuenta de
ciertas cosas y pensó cada paso que dio. El resultado fue estar una vez más en
una final. Lo cual no es poco. Si vamos al equipo en sí, hoy todos son eso, un conjunto homogéneo que
se fue conociendo, sosteniendo y alentando día a día. Después los resultados a
favor pudieron soslayar cualquier error. Mascherano una vez más dio muestras de
sacrificio, tenacidad y voluntad. Dentro y fuera de la cancha, es un auténtico
motivador capaz de derribar cualquier obstáculo. Romero, la gran figura a la
hora del tiro de los siete pasos. Holanda nuevamente se quedó a mitad de camino
y no pudo con una Argentina decidida a ganar hasta el último minuto. Ahora,
frente a Alemania, sólo le queda un paso. Aunque es verdad que el equipo
europeo se mostró superior durante todo el mundial, nada está dicho y el
campeonato puede estar para cualquiera de los dos. Será el domingo. Argentina y
Alemania es la tercera vez que se enfrentan en una final. La primera vez fue en
México 86, con el Campeonato del mundo para Argentina, luego en Italia 90 fue
para Alemania, ahora en Brasil 2014 habrá que desempatar. Pero todo lo hecho
hasta aquí para el equipo sudamericano fue con confianza y a puro corazón. Adelante
muchachos. La historia los está esperando.
Julio Cotázar
sábado, 12 de julio de 2014
miércoles, 9 de julio de 2014
Brasil 2014
Horas antes de Argentina Holanda
Hasta aquí muy poco. Digamos que el equipo argentino
no jugó con grandes rivales. De ahí la incertidumbre para mañana. Frente a
Holanda se sabrá la casi definitiva verdad del equipo de Sabella. De ahí en más
hay sólo un paso, el definitivo. Pero me quiero detener hoy, esta noche
nerviosa de julio. Y pensar en palabras. Si analizamos a la Argentina, la
primera ronda fue mala. Jugó con equipos fáciles y de bajo nivel en el manejo
de pelota. Fueron tres partidos, tres victorias. Bien. Después Suiza, que nos
hizo sufrir durante todo el partido y terminó con una pelota en el palo nuestro
en el último minuto. Luego Bélgica, quizás el partido más equilibrado si no
hubiese sido por el temprano gol de Gonzalo Higuaín, más uno que no fue de él
mismo, más la jugada de Messi que prefirió patearle al arco antes de amagarle
al arquero e irse por la derecha.
Argentina no demostró gran fútbol hasta ahora, pero en un Mundial, el
resultado a favor tapa todo. Insisto, no jugó frente a un gran rival. Pero
mañana va a tener uno. A medida que el equipo avanzaba, esto iba a ser
inevitable. El equipo albiceleste no sólo
no demostró, sino que tampoco convenció del todo y esto porque sigue ganando la
incertidumbre de enfrentarnos a un equipo de verdad, como Holanda y si llega a
ganar, contra el mejor equipo de este mundial Brasil 2014, Alemania. Lo de
Brasil fue un caso aparte. 7 Alemania, 1 Brasil. No voy a decir que Alemania
fue superior en todo momento, ni que Brasil no encontró en ningún momento el
partido. Es muy deforme como resultado. Una verdadera tarde negra para Brasil
en suelo local. Aquí hubo una falla que excede lo futbolístico. A Brasil se lo
veía totalmente desconcertado. No tenía ganas de jugar al fútbol. ¿Qué habrán
pensado minutos antes en el vestuario? ¿Querían ganar este partido? Ganado este
partido venía la final y con ellos, la sombra de aquella derrota indeleble de
1950 en el mismo Maracaná contra Uruguay. Brasil no quería jugar ese partido. Y
Alemania se lució sin demasiado esfuerzo. Insito, aquí hubo un problema no sólo
anímico sino principalmente psicológico para Brasil. Parece ser que no les
importó la historia, ni ser locales, ni haber ganado 5 veces la Copa del Mundo.
Ni haber tenido excelentes jugadores vistiendo la camiseta amarilla. Ni los
miles de hinchas que estaban presenciando una masacre histórica. No les
importó. No querían jugar ningún partido. Ni frente a Alemania ni frente a
ningún otro equipo. Lo lamento por ellos, sus familias y toda la gente que estaba
allí presente. Ante todo cuando la cámara enfocaba a todos esos chicos
llorando. La historia verdaderamente los juzgará. Hoy nadie es del todo
conciente de ello. Volviendo al partido
de Argentina frente a Holanda, los 11 de
Sudamérica se hunden en la incertidumbre. Argentina llegó hasta aquí como en
una especie de nebulosa a la que no se supo definir. Ahora se va a saber la
verdad. Sabemos que, de no seguir, nos tocaría jugar contra Brasil por el
tercer puesto. Pero ese no era el sueño. ¿En realidad queríamos jugar la final
con el equipo local no? No va a poder ser. Holanda tiene la personalidad de los
campeones. Hasta aquí tuvieron que atravesar algunas dificultades, como todo
equipo grande que quiere llegar hasta lo último. Argentina en cambio, tomó
algunas buenas decisiones, otras cosas le salieron bien. Y el resto es mérito
de individualidades realmente destacables, como Mascherano, para mí, el mejor
jugador de este Mundial. El sol ya se
acerca. Puedo ver el equipo allá lejos en un horizonte difuso pero
electrizante. ¿Podrá Argentina hoy?
lunes, 16 de junio de 2014
El pasado
El pasado
Alan Pauls
Anagrama
560 páginas
Describir la soledad desde un amor desintegrado es
siempre una intervención insegura. El
pasado deja entrever una implicancia ante el hecho no consumado de Rímini y
Sofía, separados luego de trece años. De ahí en más, son dos seres condenados a
enloquecerse que habitan un mundo complejo y perverso que se dejó llevar por la
desidia. Un camino a la soledad del amor es también un camino inverso a la
felicidad. El resultado que describe Alan Pauls (Buenos Aires, 1959) es más
bien un antídoto al desasimiento y juventud de un tiempo que avanza hacia
atrás. El pasado toma como punto de
partida el final de una relación, y desde ahí avanza hacia el mismo infierno o infinito en la
cabeza de Rímini, por un lado, que
intenta alejarse desde una realidad que se transforma, y la de Sofía, ella
sigue viva más allá de la disolución de la que forma parte. Él combate en su mente, un escape
sobrenatural que se obsesiona con una Sofía irreal y que de a ratos fluctúa una
inversión de tiempo y locura. Un desprendimiento irregular fluye entre
recuerdos compasivos ante la contrariedad de una nueva e incesante búsqueda. Es
posible que El pasado sea un divisor
entre el vacío después de una decepción amorosa y el desencanto de querer
volver a vivirla nuevamente. El fruto exquisito de la espesura dialoga hacia un
ayer difuso, detenido en un tiempo altisonante y difícil de distinguir. La vida
de Rímini se desarma a través de sus acciones equívocas y desdeñadas sin ningún
tipo de exigencia. Va de un lado a otro buscándose entre dos fuerzas opuestas,
una que lucha incansablemente por soltar a Sofía y olvidarla y otra que
funciona como una fuerza contraria, anómala y sobre todo destructiva. En tal
caso, Rímini acepta su propio riesgo, su espectro actúa como un espejo que le
devuelve su imagen deformada. Encerrado entre paredes sin aberturas, Rímini
busca sin ser demasiado consciente su falso destino. Deambula como un hombre
que busca un mero dominio alejado de cualquier defensa. La emergencia de El pasado se centra en un amor trágico,
destinado al sufrimiento, que puede tomar forma de convicción en la medida que
se pueda hacer algo con el significado de su historia. La discusión de un amor
en pleno derrumbe pasa de un borde a otro y se traduce a través de un
reordenamiento en declive. A la vez, ese mismo amor, es invadido a poner
brutalmente un límite imaginario a una relación de seres lastimados. La
intensidad a la que se expone la novela
es atribuida a cierta cadencia, un grito al unísono que despliega un síntoma de
desenfreno dentro de una Buenos Aires que va a ser de testigo. El pasado atraviesa de principio a fin el
desenlace de un amor en eterna agonía. La historia fluye hacia otras vivencias,
amores corroídos, casi siempre dependientes
de todo. Alan Pauls enfrenta la descripción de los laberintos del amor, las
vicisitudes del amor, las incongruencias del amor. ¿El resultado? Un llamado a
la solidaridad de un amor que no puede sostener la decadencia de los protagonistas
sin creer en sí mismo. Un amor desorientado como un cauce sin salida, que se
desangra, inconmovible, aciago. Finalmente, El
pasado trata sobre la descripción de una soledad dañada, sin equilibrio.
martes, 3 de junio de 2014
Brothers in Arms - Dire Straits
La quinta maravilla
“Ahora el sol se ha ido al infierno
y la luna cabalga allá arriba
Dejame ofrecerte mi despedida
todo hombre tiene
que morir
Pero está escrito en las estrellas
y en cada línea de tu palma
Somos tontos en hacer la guerra
a nuestros hermanos en armas”
Brothers in Arms
Hay discos que soportan el paso del tiempo. Hay sensaciones
que perduran siempre en uno. Brothers in Arms (1985) de Dire Straits es un ejemplo. Tenía 21 cuando lo escuché por
primera vez con atención en formato CD. Lo primero que me impactó fue el
sonido, me refiero a cómo está grabado. El complejo trabajo en el estudio de
cada uno de sus integrantes que conforman a la banda, súper inglés y
sofisticado. Con el inconfundible sonido de la guitarra a cargo de Mark
Knopfler adelante, la banda es un destino seguro de perfección y buen gusto. Dire
Straits deja en claro que habían llegado a su máxima interpretación creativa.
No dejaron nada al azar. Tres años son lo que lo separan de su anterior trabajo
discográfico en estudio, Love Over Gold
(1982). Brothers in Arms impacta
sobre todo por su perfección, en tiempo y espacio, en cada una de sus nueve canciones. Es un
disco para escuchar con auriculares y deleitarse hasta la más infinita belleza
sonora. Dire Straits es una banda que inicia su carrera a fines de la década
del ´70 con el eterno liderazgo de su cantante, principal guitarrista,
compositor y productor artístico de todos los discos de la banda, Mark Knopfler
(Escocia, 1949). Brothers in Arms
llegó con varias sorpresas, esta vez el único guitarrista que figura en los
créditos es Knopfler e incluye a dos tecladistas, Alan Clark y Guy Fletcher,
integrantes que se quedarían hasta la disolución del grupo en 1995. Como
ingeniero de sonido, el experimentado Neil Dorfsman y ganador del Grammy en ese
año por este disco. Y un dato más, la canción más difundida del disco, Money
for Nothing, y su inolvidable video, cuenta con la participación en voces de
Sting, además de compartir el crédito en composición junto al mismo Knopfler. El
resto de la banda la integraban el bajista John Illsley, único miembro fundador junto a Knopfler y en
la batería Terry Williams y Omar Hakim, éste último formó parte de la gira de
Sting como solista en Bring on the night al año siguiente. Quizás Brothers in Arms reúne las mejores
canciones jamás reunidas en un Long Play y además demuestra la adultez y
evolución de una banda que necesitaba un disco así. Este es su quinto disco en
estudio, y sus anteriores trabajos discográficos son un camino, una guía de
aprendizaje con excelentes resultados para concluir y luego seguir en el
siguiente disco, y último hasta la fecha, On Every Street (1991). La siempre
inconfundible guitarra de su líder y su manera de tocar el instrumento sin púa,
hacen de esta banda, un sonido único, exquisito y que siempre vale la pena volver
a escuchar. En síntesis, Brothers in Arms
demuestra una complejidad rica en armonizaciones y arreglos y alcanza una pureza
altamente demostrada en un disco que no pierde vigencia.
domingo, 1 de junio de 2014
Esta noche comienza el final

l
Quizás sea cierto, siento que estamos aquí para decirnos cosas que antes
no nos animábamos a decir, porque ese
alguien del otro lado, inhóspito e inmóvil, nos llama sin saberlo a su mundo de
hojas blancas, hojas secas, para hablarnos no con palabras sino con oídos. Por
lo menos así lo sentimos nosotros, carentes de toda conclusión, hábiles para
nadar de noche en aguas extrañas, buscadores de sueños sin cumplir, extraviados
en una sombra que no para de crecer.
Hoy me atrevo a contar lo que nunca le conté a nadie, a vos, de ojos
impíos, y tiempo para guardar, a vos, de sueños sin soñar y letras perdidas,
que no te podes ir por más que quieras.
Porque sabes que en sí nada más cambiará, ni este momento compartido
entre vos y yo, ni tus ayeres rotos,
seguramente por ese o esa al que te jugaste sin pedir nada a cambio y te
olvidó.
Esa es la razón por la cual nos encontramos aquí, para dar batalla,
batalla a todos y a cada uno, porque solos no podemos.
Creo que estamos entre palabras por compartir y espacios compartidos.
Estoy seguro que después de esta noche seguiremos siendo, cuando ya nos
hayamos ido.
ll
Es quizás hoy, una noche de esas en la que uno fabricó en madrugadas de
insomnio soledades entristecidas por un abandono inesperado o tragos de alcohol
en pos de un olvido sin suerte y con remordimientos.
Seguramente, del otro lado al alguien queriendo escuchar una historia
para salir de la propia, al menos por un rato. Inventar este mundo entre
puertas cerradas es una trampa. Sencillamente le hablaré a esa persona sin nombre y sin rostro,
desconocido para la ciudad y para mí, en este único encuentro, en este único
abrazo virtual en busca de un tiempo para mi y para el otro, cerca pero lejos,
distante y al mismo tiempo al alcance de todos, una forma de querer ser otro,
sólo por un instante.
Porque eso somos, una voz en busca de un oído desnudo, virgen, con
espacios vacíos, ávidos de escuchar, intrépidos, perplejos, bienvenidas
despejadas, corazones en rojo, rutas sin curvas, amores perdidos y por
conquistar
Todo este laberinto de mundos, entre idas y vueltas, con el deseo de
empezarlo todo nuevamente.
lll
A veces la soledad se presenta en la noche como un todo frágil y sinuoso. Un desfile de diamantes y altibajos despiadados. Desencuentros en marcada defensa. Un fin anunciado que marca la trampa de esa libertad atrapada en laberintos. Pero no significa nada. Es un acto integral de muerte imposible. Un reflejo de negros y blancos de un sello irreversible. Estoy tratando de decir desidia, amor lateral entre arénqueles caídos. No subirá el puente. Dar un paso al costado parece disuadir todo regreso. No dudará de esta noche fría caminando una Buenos Aires descalza y débil. Después de todo es difícil encontrar una salida a través un muro de ancianos.
lunes, 28 de abril de 2014
Una pequeña
historia
"Pasa el tiempo
y ahora creo que el vacío
es un lugar normal"
Ella usó mi cabeza como un revolver
Soda Stereo
es un lugar normal"
Ella usó mi cabeza como un revolver
Soda Stereo
Soda Stereo me acompaño durante largos años de mi
vida, crecí junto a ellos y de alguna manera siempre me sentí parte de su
música y su manera de ver el mundo. Los conocí con su Long Play / Cassette Ruido blanco recién salido. Era un disco
en vivo demasiado tocado en estudio para mi gusto, pero en realidad, a esta
conclusión llegué años después, cuando mi oído había recibido mucha música. Me nutría de
radio más que nada en el mundo. Moría con Los Redondos, que fui a verlos en el
Parque Sarmiento con su reciente álbum La
mosca y la sopa. Sumo, que no llegué a verlos. Divididos, estuve presente
en su primer Obras, en la presentación de Acariciando
lo áspero. Salieron los tres a caballo y vestidos de gauchos, inolvidable.
De lo extranjero, muy al principio me pegaba cualquier cosa hasta que escuché
The Police, esa banda fue mi favorita durante años. El trío para ese entonces ya
no existía, pero junto a Leonardo y Cristian, dos amigos de ese entonces, nos
pasábamos tardes y noches enteras escuchándolos. Después apareció Led Zeppelin, Deep Purple, Pink Floyd y The Rolling
Stones. Ni
en sueños imaginábamos que años más tarde íbamos a verlos en vivo a estos
últimos. Pero con Soda era distinto, me compraba cada revista donde salían en
la tapa, cada póster que pegaba en mi cuarto. Me compré todos sus cassettes
anteriores y los escuchaba mucho. Siempre admiré su manera de manejar la
prensa, eran tres tipos del que no se sabía nada, excepto su música y sus
letras. Su manera de vestir siempre me llamó la atención, adelante del mundo,
creando vanguardia. El arte de tapa en sus discos, las fotos, su vestuario, la
manera de encarar sus shows realmente me impactaron. Me compraba la revista
Pelo, el suplemento Sí de Clarín cada viernes y estaba deseoso de novedades por
su nuevo disco. Había leído que lo producirían en New York y que sería muy
distinto a lo hecho hasta ahora. Excepto estos dos amigos que veía sólo en los
veranos, el resto del año vivía la música en una tremenda soledad. Mi
adolescencia se estancó en la timidez y mi dificultad de hablar con otros, por
crear vínculos de amistad. Por supuesto que la mujer era sólo una posibilidad
para otros y no para mí. Además era la persona que siempre cargaban en el
colegio, el callado, el que no miraba a nadie a los ojos, el que hablaba
bajito. Simplemente me encerraba en mi cuarto a leer algo sobre los músicos que
me gustaban, escuchar la radio, y después también empecé guitarra. Y así pasaba
las tardes. No se si hace falta decir que la ubicación geográfica en esos años
para mí era Villa Gesell, muy lindo en verano, pero una eterna depresión en
invierno. Vivimos unos años ahí con mi familia por el trabajo de mi padre. Así
que para ir a ver alguna banda tenía que ir a la casa del primo de mi madre,
que vivía en Caballito. Él tenía dos hijos que eran del palo del rock. También
me perdí Amnesty por propia diligencia mía. Dormí con las entradas y me quedé
sin poder ir al concierto, a mí entender, el más grande que se hizo en nuestro
país. Pero aún el nuevo disco de soda Stereo no llegaba. Escuchaba una radio de
Mar del Plata y pasaron un adelanto de lo que iba a ser Doble vida. Sonó En la ciudad de la furia y me sorprendió
la calidad y lo largo del tema. Quería volver a escucharla y me pasaba horas
encerrado hasta que la volvían a pasar. Cada disco de ellos era siempre un
desprendimiento del anterior y con éste pasaría lo mismo. Doble vida al fin
salió a la luz, ese año fuimos a Bs. As. para las vacaciones de invierno. Ya
conocía la Rock and Pop, recuerdo haberlos escuchado a ellos tres en Malas
compañías, el programa nocturno de Mario Pergolini. El arte de tapa una vez más
era impecable, a cargo de Alfredo Lois. El disco tenía un aire neoyorquino
latino, el productor artístico, Carlos Alomar, le dio esa nueva impronta a la
banda. Y Gustavo Cerati cantaba mejor que nunca. Sonaban permanentemente en la
radio y me empezaba a preparar para verlos por primera vez en vivo. Primero
fueron a México y Chile, y a fin de año lo presentarían en Bs. As. La llamé a
mi prima para que me comprara la entrada. Llegué a Bs. As. como un pueblerino,
fui solo a obras, fue en el Estadio de hockey, al aire libre. Salió Mario
Pergolini a presentarlos. Era muy fanático de ellos en ese momento. Nos los vi
como personas normales. Estaba lleno de miedo. Nunca me voy a olvidar cuando se
apagaron las luces. Ahí estaban, después de haberlos escuchado tanto, tenerlos
en tantas fotos, leído tantas notas y entrevistas. Fue demoledor para mis oídos
y mi corazón. No fui demasiado conciente de aquello. Volví diferente de aquella noche, fue un
viaje en muchos sentidos. Aún así no tenía que con quien compartir esto que me
pasaba. Seguiría encerrado en mí mismo por algún tiempo más. En el verano de
ese año los vi dos veces en la clásica gira por la costa. Y me gustaron más
todavía. Lo que sentía por la música en esos años era muy fuerte. Vivía dentro
de un walkman 24 horas por día. No existía ninguna otra cosa para mí. Lo había
decidido, me dedicaría a esto, tocaría la batería –por Stewart Copeland- en una
banda de rock y me burlaría del sistema. Madrugar, tener que trabajar por un
salario, la oveja negra de la familia. Desentenderme de la vida común peronista
–de la casa al trabajo y del trabajo a la casa-. Odiaba esa vida, en ese
momento se había creado en mí un odio establecido a todo eso. Pero estaba solo,
y no me comunicaba con nadie. De mujeres ni cerca, sólo en sueños. Empecé a
escribir en formato de canciones a las chicas de las que me enamoraba en
silencio y nunca me animaba a hablarles. Eran unas historias imaginadas
increíbles. Me la pasaba escribiendo sobre nuestras vidas juntos. Claro que
ellas nunca se enteraban. Me moría de miedo al hablarles. Y así llegó el viaje
de egresados…olvidable para mí. Fui el hazme reír de todos. Una noche me
llenaron la cama de fideos con tuco, digo, entre sábanas, re lindo descubrirlo
en plena oscuridad. No me levanté ni a la mañana, ni siquiera una chica de otra
escuela, que no sabían de mi condición. Volví con unos cuantos kilos menos
porque resulta que soy complicado para comer y nada me gustaba. La música, una
vez más, seguía siendo mi refugio. Me fui comprando algunos pocos cassettes,
piratas también conseguí, de The Police sobre todo, sonaban espantosos. Soda
era mi brújula, Gustavo Cerati daba una imagen esotérica, mística y de líder
sobre natural por sobre sus compañeros de banda. Me pareció el mejor cantante,
compositor y letrista de ese tiempo. Sus letras reflejaban las frustraciones
que hubiese querido escribir. Cuando volvimos a vivir en Bs. As. Con mi
familia, verlos se me hizo más fácil. Los vi por primera vez en un estadio
compartiendo cartel con Tears for Fears, una banda que odiaba y que por suerte
salieron después de ellos. Ese recital de Soda fue increíble, David Lebón subió
a tocar con ellos como invitado. Vélez estaba colmado, fui nuevamente solo. Después
nos encontramos con mi prima y el novio. La anécdota de esa noche fue que
durante el show del dúo inglés, se largó una tormenta de los mil demonios.
Lluvia torrencial con mucho viento. Los tipos tuvieron que irse después de unos
pocos temas que tocaron. Años más tarde, Bobby Flores contó en la radio que al
día siguiente de ese concierto, en un diario matutino, salió una nota
comentando el recital de Tears for Fears diciendo que el show había durado dos
horas y media y que habían tocado todos sus hits. Al principio de ese año me
compré la ansiada batería y empecé a estudiar. Con el tiempo, entre mi extrema
timidez de afrontar el mundo y me cero iniciativa para lo mismo, me vi en
varias depresiones que terminaron en un ocio vicioso que me terminó llevando al
enfrentamiento con mis padres y mi odio hacia todo y todos. 795 fue el número
que me dijo mi padre esa mañana que había salido sorteado para cumplir con la
patria. Diez meses y diez días estuve bajo bandera y la pasé más que bien.
Durante años mi entorno familiar me estuvo
instigando para que me quite todas esas ideas que tenía de cambiar el
mundo. En ese lugar fue la primera vez que empecé a relacionarme con otros,
encontré gente del palo del rock y poco a poco fui comunicándome. Hay gente que
la pasó mal en serio desde el principio. Creo que tiene que ver con el momento
que estaba pasando cada uno afuera. En mi caso necesitaba un cambio. Soda ya
había tocado quince veces en el Teatro Gran Rex de las cuales fui dos. En la primera función
fila ocho y segunda función fila seis. ¡Increíble! Gran momento del trío. En esos shows hicieron un cover de The Beatles “She´s
so heavy”. Para mis primeros días en el servicio militar ya habían editado
Canción animal. En ese disco tuvo una importante participación Daniel Melero,
amigo de Cerati en los primeros tiempos de la banda. A fin de ese año llegaría
la presentación por primera vez en un estadio solos. Fue en Vélez y el
concierto fue impecable. Muy cuidados la puesta en escena. El vestuario, el
sonido, las luces. Soda era la banda más grande y exitosa de todos los tiempos.
A partir de ahí me sorprendió la distancia que había entre el cantante y los
otros dos miembros de la banda. Una distancia que con los años no dejaría de
acrecentarse. Cuando finalmente me entregaron el documento firmado y volví a mi
vida civil, para mí fue el verdadero comienzo de la vida adulta. Al año Soda
edita Dinamo, ese disco no lo entendí sino hasta diez años después. Era el
sonido del futuro, algo que había pasado ese mismo año con Pablo Honey de
Radiohead. Con el tiempo terminé teniendo un oído muy conservador que no me
permitió llegar a ese sonido. Así y todo los fui a ver a Obras, tocaron unos
desconocidos Babasónicos de banda soporte. Gran personalidad los tipos. Era el
sonido de una nueva época parece ser, no lo había advertido. Ante la inoperancia
de ir hacia lo que quería, tuve que buscar trabajo en los clasificados del
diario y enfrentarme por primera vez a la vida real. Terminé en un trabajo
común y la terminé rompiendo en todo sentido. Desde el punto de vista laboral,
en compañeros y en mujeres. Terminé de novio con una chica de mi misma edad, de
familia tradicional y peronista pero apolítica. Ni un libro en la casa y con un
televisor en cada cuarto. Conocí el amor y el desencanto en largos y agobiantes
siete años. Nada en común y sin compatibilidad alguna, terminé de la peor
manera. Ya separados y con una pesada depresión, una tarde de noviembre extremadamente
calurosa, me encontró internado en una clínica y con suero. Tenía pero largo y
en menos de un año terminé pelado y con varios kilos menos. Una nueva etapa de
soledad y abandono me incluía entre sus adeptos. La música siguió siendo mi
refugio siempre. Ahí empecé a escuchar detenidamente Serú Girán y lloré noches
enteras. ¿Cómo podía existir algo tan hermoso? Invisible también me emocionó.
Creo que a partir de ese momento empecé a mirar hacia atrás, y escuchar a toda
esa gente que había empezado a hacer rock acá cuando nada existía. Me levanté
como pude. Un día tomé la decisión de irme a vivir a la Patagonia. Terminé
trabajando en un puesto de diarios y me leía todo. Me perdí en sus inmensas
distancias entre viento, frío y soledad. Aunque nunca probé drogas, ni tomé
alcohol ni fumé, creo que éste hubiese sido el momento indicado. Descubrí
Buenos Aires mirándola desde 1200 kilómetros de distancia. Me volví, me mudé a
Capital, conocí el tango, recorrí sus mismas calles. Me perdí en madrugadas
abandonas por la soledad y el desencanto. Y siempre volví a la música. Para ese
entonces Soda me había dejado de gustar, creo que en Dinamo se cerró una etapa
para ellos. De ahí en más no se supo nada más hasta que aparecieron con disco
nuevo y no me gustó. Estaba más grande y me había nutrido de otras cosas. Tuve
trabajos horribles para que me permitieran vivir. Comencé a estudiar
Comunicación Social, para un hombre que siempre había tenido dificultades para
comunicarse. Pero había algo en Soda que me atraía, en Sueño Stereo hay una
canción que me encanta, se llama Ella usó
mi cabeza como un revolver. Una magnífica pieza en donde un verso dice “Me
ví llegando tarde, tarde a todo”, y eso me pasó a mí. Necesité demasiados años
para acercarme sin miedo a lo que me gustaba. “Los años pasaron terribles, malvados”
dice un tango. Llegué a Borges, Cortázar
y tantos otros. Leí mucho, siempre con música de fondo. Creo que me quedé en el
tiempo. Cuando conocí Led Zeppelin simplemente fue tocar el cielo con las
manos. Conocer esas letras y volar sin ácido con ellas. Canciones como Kashmir o Since I´ve been living you me volvían locos. Sentir The dark
side of the moon recorriendo mis venas. Bobby Flores dijo una vez que después de
escuchar ese disco uno no puede seguir siendo el mismo. A mí me pasó lo mismo,
fue un antes y un después. Después del excelente unplegged de Soda, una banda
ya separada, me enteraría años más tarde, pasó lo que ya casi todos intuíamos.
No lo viví como un duelo, sino más bien como un Final de una crónica anunciada. En realidad estaban separados desde
hacía mucho tiempo, y creo que ni ellos se querían dar cuenta. En el último
tiempo de la banda el más desdichado terminó siendo Gustavo. Todo dependía de
él. El era el dueño del material creativo de la banda. Y lidiar en un trío se
hizo cada vez más difícil. En cambio, Zeta y Charly vivieron diferente la
separación. Para ellos fue exactamente al revés. Mientras que para Gustavo fue
una liberación el haberse separado, para Zeta y Charly fue enfrentarse a ellos
mismos, no ya como miembros de una banda sino como individuos. Debe haber sido
muy difícil. Con los años, nunca dejé de escucharlos y sobre todo leerlos. Mi
vida pasó entre soledades y decepciones de todo tipo, pero siempre con música
de fondo. Analizando sus álbumes, creo que cada disco está dedicado a una mujer. Cada relación me sentí
identificado con alguna canción de ellos. Después vinieron los Stones y un
delirio acaparó mi mente. Conocer de cerca a Luis y Charly. Íconos absolutos de
nuestra tierra. La inesperada vuelta de The Police y su gira mundial. Fue la
única banda que esperé en la puerta de un hotel. De ahí surgió un grupo de fans
con el cual nos juntamos una vez al año para conmemorar semejante fecha. El
concierto del trío inglés estuvo bien. Siempre me incliné por el baterista y
fundador. Genio absoluto si los hay. Es increíble, más de veinte años de la
separación y tocó mejor que en aquel tiempo. Pude verlos de cerca, en plena
calle, primero a la salida del hotel con corrida incluida, y luego en la
entrada de una tanguería exclusiva de San Telmo. Los chicos están bien. Gozan
de buena salud y me alegra que se hayan juntado. En cuanto a los conciertos que
brindaron en River, fue algo predecible. Tuvo mucho que ver con su última etapa
que es la que menos me gusta. El indeleble liderazgo de Sting opacó una vez más
el desenvolvimiento del trío. Siempre me incliné por sus comienzos, creo que
los dos primeros discos tienen toda la fuerza y energía de una banda punk, pero
virtuosa y lanzada hacia algo nuevo. Me hubiese gustado que vuelvan a las bases
y que Sting sea el cantante de un trío, y no el líder absoluto que elige los
temas a tocar y cómo tocarlos. Realmente nunca imaginé que podría verlos
juntos, pero así fue y estuvo bueno. Ese mismo año y después de diez, se juntó
Soda para hacer la gira “Me verás volver”. Finalmente fue Gustavo Cerati, a
través de un comunicado de prensa que hizo efectiva la reunión del grupo.
Cuando se despidieron, dejaron quince años de vida. Conquistaron Latinoamérica
como nadie hizo ni antes ni después. Supieron conservar la tranquilidad y
fueron superándose en cada disco y show. Cada paso, lo daban seguro de sí mismos
y con una cuidada imagen, vestuario y una planificada difusión de sus
canciones, no sólo en nuestro país, sino también en los países de Latinoamérica
donde llenaron estadios. Durante diez años el cantante se la pasó diciendo que
una reunión no era posible que ocurriera. Él estaba en su etapa solista y Soda
Stereo ya había hecho todo lo que una banda podía hacer. Lo cierto es que a los
diez años de su previsible separación, la reunión, era un hecho. No quería saber
nada con ir a verlos hasta que vi en You tube la conferencia de prensa a cargo
de Lalo Mir. Tocaron dos canciones, Sobredosis
de TV y En la Ciudad de la furia.
Ahí recién los reconocí y me di cuenta que los estaba viendo a ellos. Los de
siempre. Fue como volver a mis primeros años con la música. Ahí me convencí que
tenía que estar en esos conciertos. Fue un aluvión de entradas sin precedentes.
Vendieron dos estadios de River completos en tres días. Sin embargo, me las
ingenié para conseguir una entrada para el primer concierto y otra para el último.
Realmente no me acordaba que eran tan buenos. Sonaron como nunca. Súper
afilados. Conectados entre sí. Las canciones eran iguales a su versión original
y aún mejores, muy sofisticadas. Miré y escuche canciones en vivo que nunca había
escuchado. Sin dudas estuvo increíble, con lágrimas mías y todo. Ahí me di cuenta
que fue la única banda que realmente quise. El último recital de esa gira, me
vio ahí sentado esperando que salgan. Me habían dado tanto…esta vez era para
siempre. Ese año conocí a una chica con la cual iba a ser mi novia cinco años
más tarde. Tampoco terminó bien, pero fue la relación más importante que he
tenido. Una noche de diciembre cumplí mi sueño ni siquiera soñado, ver a
Spinetta Jade, Invisible, Pescado rabioso y Almendra juntos en un escenario. Hoy
Luis ya no está, Pappo tampoco. Gustavo lleva durmiendo un eterno sueño del que
aún no se sabe cuando terminará, pero quedó su música de todos ellos y eso los
mantendrá vivos siempre, como Led Zeppelin o Los Beatles. Se me acabó el tiempo, me quedé en silencio, pensé que tenía algo más que decir.
Abril 2014
jueves, 3 de abril de 2014
Poema sobre un final premeditado
Dulce cómplice de mi sueño
un firme caballo de otoño
nos cubrió el pálido océano
compartido sobre un silencio adverso
fresca y blanca
los soldados de la noche
atiborrados en su esperanza ciega
máscara de una flor inconclusa
reminiscencias sitiadas de la palabra
fuimos a caer indefensos
cuyas riendas de acero
ultrajaron el idioma sin besos
rectangular reflejo de un desierto vago
tu sombra y mi sombra
en una galería sin destino
Soñaba ser un hombre adulto
vos un rostro simple que camina sin prisa
sólo del otro lado del ocaso
entre el tedio y el resplandor de tus manos
y tu real mirada de entretiempo
universo huérfano de un tiempo que se disuelve
sobre mundos de soledad entre mis ojos
En el principio que divide los dos crepúsculos
temí saber la cerradura que me abandonara al fuego
la tarde serena se cayó sobre mi cuerpo
la memoria de tus ojos sólo un recuerdo
declive universal sobre otro mundo verde
aún no sabía de esa noche última y rota
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