Debería empezar diciendo que hace un año se nos fue el último escritor maldito de nuestro país. Fue internado en el hospital Italiano de esta ciudad y el 21 de agosto de 2010 dejó de respirar. Su adicción al cigarrillo entre otros vicios le ganaron la batalla. Sociólogo y luego empresario. Supo ser docente de la Universidad de Buenos Aires. Nacido en 1941 en la ciudad de Bernal, en la zona sur del conurbano bonaerense, Fogwill fue ante todo rabia y pureza a la vez. Fue el desencanto en bruto que miraba a la sociedad yendo hacia la destrucción por un sistema que ha perdido la confianza en sí mismo.
Su novela, Los pichiciegos, nos anunciaba la rendición en aquella triste aventura en las Islas Malvinas antes de acontecer. La escribió en seis días y sus noches encerrado entre varias raciones de cocaína y malhumor. Atravesado por una buena dosis de talento y genio que hasta ese entonces no se veía en alguien como él. Demoró apenas unos días, lo que cualquier escritor le hubiese costado meses...tal vez años. En carne viva, bajo una Buenos Aires anónima y semi muerta gracias a los medios de la no-comunicación, Fogwill cruzó el pantano que nadie se atrevió a pisar.
Así, con una ecuación casi imposible, su camino no fue el de un escritor convencional. Criticó a los funcionarios de turno, pero también soñó con Las Madres de Plaza de Mayo antes que existieran y predijo la vuelta del radicalismo al poder, todavía en dictadura.
Desenfundado y ácido, Fogwill vio materializado sus propios demonios. Dueño de un pensamiento combativo y frontal, su forma de vida logró cautivar a su propia tragedia. Un invento óptico que supo cubrir con lamentos y más palabras la idiosincrasia de un país en constante desidia.
A veces genio y siempre cuestionado, el escritor criticó al ex presidente ya fallecido, Néstor Kirchner, de ser un “temerario que le apunta al comisario”, dueño de una verborragia propia de un matón dispuesto a salirse con la suya. Pero nada es casual en la lengua de Fogwill. Su condenado filo verbal a una sociedad cada vez más demorada a la hora de pelear su verdad, y únicamente contada en sus libros, fue una constante discrepancia hacia sus colegas.
Sus libros son la consecuencia de sus pensamientos. Su vida anterior, cargada de obligaciones en una empresa de publicidad, fue el puntapié inicial hacia su más sincera pasión, la escritura. Una manera de escribir yendo hacia un destino incierto.
En palabras de Abelardo Castillo. “La literatura esta cargada de fatalidad y tristeza. Sin embargo, la gente quiere ser feliz. Pero la felicidad no hay que escribirla, hay que vivirla. O por lo menos intentar vivirla. En la literatura se pone el deseo, la nostalgia, la ausencia, lo que se ha perdido o no se quiere perder.”
En el caso de Fogwill, su prosa va más allá. Su lenguaje piensa. Su intervención en el mundo es como un corregidor. Un fantasma paralizado y molesto que deambula por suburbios urbanos queriendo desviar a un ser humano de una catástrofe segura.
Fogwill no es un autor trágico por su contenido, sino por su lengua. Sus personajes crean efectos de atemporalidad. Son directos, sin revancha. Omiten garantías irrevocables. Su novela “Vivir afuera”, es el claro ejemplo de esto.
Dice un poema de “Últimos movimientos”: Pasan los muertos / y cuantos son? / Y el arte de enterrarlos, negarlos / y volverlos relatos / en la memoria”.
Apariciones inaccesibles funden este personaje que supo dejar una huella en la literatura argentina.
69 años de existencia hoy se vuelven efímeros
Julio Cotázar
lunes, 22 de agosto de 2011
Literatura y Felicidad
La literatura esta cargada de fatalidad y tristeza. Por qué? La vida no siempre es fea. Lo que pasa es que, en el fondo, la literatura es un cojuro contra la infelicidad y la desdicha. La gente quiere ser feliz. Pero la felicidad no hay que escribirla: hay que vivirla. O por lo menos intentar vivirla. En la literatura se pone el deseo, la nostalgia, la ausencia, lo que se ha perdido o no se quiere perder. Por eso es tan difícil escribir una historia feliz. La historia de amor más hermosa que se ha escrito es Romeo y Julieta. Pero es una catástrofe. Ella tiene catorce años y él dieciocho, y terminan suicidándose. Qué linda historia de amor. Uno confunde la felicidad con las felicidades, con ciertos momentos transistorios de dicha o alegría. La felicidad absoluta no existe, y se escribe, justamente, porque la felicidad no existe. Existen pequeños instantes de felicidad, o alegrías fugaces, que, si se consigue perfeccionarlos en la memoria, pueden ayudar a vivir durante muchísimos años. La literatura también es un intento de eternizar esos momentos.
Abelardo Castillo
Abelardo Castillo
domingo, 24 de julio de 2011
Ayuda a tus hermanos a edificar la gran casa en que no parirá la crueldad. (Fayad Jamís) Ellos describen el deseo de vivir a la sombra del pan como el soldado que espera en la trinchera. Sueña hasta que te alcance el mártir que fuiste en ese vértigo febril animado por los gritos de los otros. La discusión del camino entre esos ojos extraños es obviar la inconclusa pesadilla del desierto de papel. El rincón de hielo que inventaste bajo la imploración de un texto de madera, es sólo una discusión en tu mente. Busca la verdad en las manos de la conciencia. El vacío único de bucear en los bordes describiendo un átomo de asombro mientras un paisaje se cae en erupción. No vuelvas sobre tus pasos, ellos arden en la flor que no cree en sí misma.
U2
Sábado 2 de abril de 2011
Estadio único de La Plata
Es la tercera presentación de U2 en Buenos Aires y el segundo show de esta gira, (360º Tour) y expectativa es lo que sobra. Aunque el escenario es algo mas chico de lo que realmente se había visto, no deja de ser imponente y cubrir más de la mitad de un campo que va teniendo a cada minuto menos espacio libre y más pies sobre él.
Son casi las 6 de la tarde y aún algún rayo de sol se filtra en las plateas del costado derecho. La clásica ola en las tribunas, que nació en aquel lejano e inolvidable mundial de México ´86, brota de aplausos ante un publico que goza de un momento que dentro de algunas horas estará vibrando por una de las bandas más importantes de este milenio. Vanguardia, honestidad y sencillez, se reúnen en estos compañeros de colegio que no añoran el pasado. Que toman la vida como un eterno presente. Tal vez musicalmente se repitieron en los últimos años, pero con un gran sentido de madurez y con el riesgo de ser los que siempre fueron. Cuatro músicos respetables, no virtuosos pero de gran técnica, que se tomó el negocio con gran profesionalismo y humildad. No se toman el rock demasiado en serio para ellos mismos, pero vienen aportando discos y giras en los últimos años a fuerza de mucho trabajo y originalidad. Alguna vez Bono dijo que en sus discos fluyen “la inocencia y la experiencia”, fruto de un sello indiscutible que cautiva, un engranaje que no dejó de funcionar desde el comienzo. Luego de la búsqueda musical de sus tres primeros discos y el sugerente The unforgettable fire (1987), muchos creían que U2 había llegado a su fin musical. Pero editan The Joshua Tree (1987), el quinto álbum de su carrera. Quizás su disco más susceptible y conmovedor. Despojado de fisuras y con un estilo afianzado en una década que se debatía entre lo nuevo y lo que no tenía clasificación alguna. “Ahora tenemos música, ideas, contenidos que encajan”, subrayó Bono sobre este disco. Pero nada es casual. The Joshua les abre puertas hacia donde ellos se dirigen, es un viaje inconsciente, plagado siempre de buenas intenciones. Comienza una nueva década, y editan Achtung Baby (1991), reinventándose y poniendo a prueba su vigencia y talento. Simplemente lo cambian todo, o casi. Su imagen será más oscura, se alejarán un poco de su público y les enseñaran que “se trata del vendaval que uno puede generar en su propia vida si uno se deja llevar por los deseos del propio corazón”, así describiría Bono este disco. Letras poderosas. La distorsión del sonido es también su distorsión con el mundo. “Había podredumbre seca en la casa en que empezamos a grabar el disco”, en palabras de Bono, “estábamos acostumbrados demasiado al éxito, sin ponerle atención a su lado corrosivo”. Esto sumado a su primer gran himno de la banda, One. Una canción que trata sobre lo difícil que es permanecer unidos, ya sea en una banda o en una relación. Luego llegaría su disco más salvaje, Zooropa (1993). Un experimento con la tecnología en su más alto nivel. La vuelta del Pop (1997), y así su nombre, es un disco donde la banda deja de ser seria por un rato y se lanza a la pista para no dejar de bailar. Un álbum libre, despojado de formalidades pero a la vez pretencioso. Aquí van a montar el espectáculo más grande del mundo, con un escenario de dimensiones ecuménicas y la última tecnología en su poder. Van a lucir lleno de brillos y excéntricos. Creyéndose inmortales.
La nueva década los encontrará nuevamente en sus raíces. Editan All that you can’t behind” (2000). “Es un disco acerca de la esencia, acerca de dejar de lado todas las cosas no esenciales y darse cuenta de cuáles son las cosas esenciales: la familia, la amistad”. (Bono). Este disco los convierte en una banda ya pasados sus 20 años juntos que puede disfrutar de su música tal vez más que en sus comienzos. Un disco virgen, primario, lejos de cualquier pretensión. “Yo quise hacer un disco crudo de las cosas sin las cuales no podríamos vivir”. (Bono).
En How to dismantle an atomic bomb, (2004) es un disco más rockero, una consecuencia de su anterior. Aportando canciones con un gran registro vocal seguido de una exquisitez melódica y sonido concreto. “Es la mejor colección de canciones que jamás hayamos reunido. No hay malas canciones. Pero, como álbum, el todo no es mejor que las partes, y eso me desconcierta”, (Bono).
El 2009 los encuentra con nuevo disco bajo el brazo No line on the hotizon. Es un álbum donde surge la entrega ante un mundo urgente. Con un sonido explícito teñido de sintetizadores y sobre grabaciones que quizás empañen el concepto final. Son canciones con una estructura lateral lasciva. Esta corrido por una vertiente de inspiración épica, mareado alrededor de un mismo sonido.
La dirección artística esta a cargo del ya estable equipo en las grabaciones de la banda irlandesa. La dupla Eno / Lenois. Este disco de U2 demuestra ser una evolución más en su intenso camino. “Este disco trata del mundo y del deseo de salir de él para escapar. Es un disco muy personal”, (Bono).
Pero es sábado 2 de abril de 2011 y U2 está a punto de comenzar su segundo show en Buenos Aires y todo lo demás no importa. Las luces se apagan 21:34 y los cuatro de Irlanda salen a escena. Lo primero que impacta es el sonido arrollador que logra empañar algo la voz de Bono, pero él es la esencia, y hace delirar a todo el estadio. La puesta en escena deja al público en un estado de júbilo y delirio. El inmenso escenario los deja libres. La poderosa guitarra de The Edge guía el sonido de la banda. Los acordes del bajo de Adam Clayton demuestran valentía y poder y los golpes en la batería de Larry Mullen Jr. llevan a un ritmo furioso este viaje en la capital de la provincia de Buenos Aires. Pero nada es al azar. La puesta de luces junto con la pantalla que, por momentos, calca al escenario, es demasiado para los ojos y los oídos de un ser humano. Un estadio colmado. Ellos tienen el control y lo ocupan con canciones. Escaleras movibles los acercan de a ratos a un público que se rinde a sus pies.
U2 logra honestidad y emoción. Sensatez y espacio lírico. Bono durante todo el concierto va a querer llevar el público al escenario, allí, viviendo cada canción con ellos. Un espíritu de libertad y honestidad se respira en la cancha. Un concierto dado desde el corazón, con picos de emoción en canciones como One o la versiòn acústica en manos de la dupla The Edge/Bono de Stuck in a moment you cant`t get out of.
U2 es una banda de una gran llegada con su público, no sólo por su música, si no principalmente por su sencillez y grandeza intelectual, cargado de “inocencia y experiencia” colectiva. El talento nunca los deja de lado y sus canciones hablan de que todo sueño es posible.
Estos 4 muchachos simples de Dublín, que alguna vez fueron compañeros de colegio, no vinieron a demostrar nada. Sólo que después de 35 años juntos, valió la pena formar una banda.
¿Cuál es la misión de U2? En palabras de Bono: No ser falsos. Ir a un lugar muy oscuro dentro de uno mismo es muy caro. Muchas bandas llegan a un determinado nivel de confort y no quieren estar ahí. U2 sigue lista para estar ahí, y pensamos que hay mucho por demostrar todavía.
2 horas 20 de concierto hicieron de las palabras del cantante la realidad más absoluta.
Algunas mejillas con lágrimas que caen y murmullos que apenas se dejan oír, harán terminar la noche.
04 04 2011
Sábado 2 de abril de 2011
Estadio único de La Plata
Es la tercera presentación de U2 en Buenos Aires y el segundo show de esta gira, (360º Tour) y expectativa es lo que sobra. Aunque el escenario es algo mas chico de lo que realmente se había visto, no deja de ser imponente y cubrir más de la mitad de un campo que va teniendo a cada minuto menos espacio libre y más pies sobre él.
Son casi las 6 de la tarde y aún algún rayo de sol se filtra en las plateas del costado derecho. La clásica ola en las tribunas, que nació en aquel lejano e inolvidable mundial de México ´86, brota de aplausos ante un publico que goza de un momento que dentro de algunas horas estará vibrando por una de las bandas más importantes de este milenio. Vanguardia, honestidad y sencillez, se reúnen en estos compañeros de colegio que no añoran el pasado. Que toman la vida como un eterno presente. Tal vez musicalmente se repitieron en los últimos años, pero con un gran sentido de madurez y con el riesgo de ser los que siempre fueron. Cuatro músicos respetables, no virtuosos pero de gran técnica, que se tomó el negocio con gran profesionalismo y humildad. No se toman el rock demasiado en serio para ellos mismos, pero vienen aportando discos y giras en los últimos años a fuerza de mucho trabajo y originalidad. Alguna vez Bono dijo que en sus discos fluyen “la inocencia y la experiencia”, fruto de un sello indiscutible que cautiva, un engranaje que no dejó de funcionar desde el comienzo. Luego de la búsqueda musical de sus tres primeros discos y el sugerente The unforgettable fire (1987), muchos creían que U2 había llegado a su fin musical. Pero editan The Joshua Tree (1987), el quinto álbum de su carrera. Quizás su disco más susceptible y conmovedor. Despojado de fisuras y con un estilo afianzado en una década que se debatía entre lo nuevo y lo que no tenía clasificación alguna. “Ahora tenemos música, ideas, contenidos que encajan”, subrayó Bono sobre este disco. Pero nada es casual. The Joshua les abre puertas hacia donde ellos se dirigen, es un viaje inconsciente, plagado siempre de buenas intenciones. Comienza una nueva década, y editan Achtung Baby (1991), reinventándose y poniendo a prueba su vigencia y talento. Simplemente lo cambian todo, o casi. Su imagen será más oscura, se alejarán un poco de su público y les enseñaran que “se trata del vendaval que uno puede generar en su propia vida si uno se deja llevar por los deseos del propio corazón”, así describiría Bono este disco. Letras poderosas. La distorsión del sonido es también su distorsión con el mundo. “Había podredumbre seca en la casa en que empezamos a grabar el disco”, en palabras de Bono, “estábamos acostumbrados demasiado al éxito, sin ponerle atención a su lado corrosivo”. Esto sumado a su primer gran himno de la banda, One. Una canción que trata sobre lo difícil que es permanecer unidos, ya sea en una banda o en una relación. Luego llegaría su disco más salvaje, Zooropa (1993). Un experimento con la tecnología en su más alto nivel. La vuelta del Pop (1997), y así su nombre, es un disco donde la banda deja de ser seria por un rato y se lanza a la pista para no dejar de bailar. Un álbum libre, despojado de formalidades pero a la vez pretencioso. Aquí van a montar el espectáculo más grande del mundo, con un escenario de dimensiones ecuménicas y la última tecnología en su poder. Van a lucir lleno de brillos y excéntricos. Creyéndose inmortales.
La nueva década los encontrará nuevamente en sus raíces. Editan All that you can’t behind” (2000). “Es un disco acerca de la esencia, acerca de dejar de lado todas las cosas no esenciales y darse cuenta de cuáles son las cosas esenciales: la familia, la amistad”. (Bono). Este disco los convierte en una banda ya pasados sus 20 años juntos que puede disfrutar de su música tal vez más que en sus comienzos. Un disco virgen, primario, lejos de cualquier pretensión. “Yo quise hacer un disco crudo de las cosas sin las cuales no podríamos vivir”. (Bono).
En How to dismantle an atomic bomb, (2004) es un disco más rockero, una consecuencia de su anterior. Aportando canciones con un gran registro vocal seguido de una exquisitez melódica y sonido concreto. “Es la mejor colección de canciones que jamás hayamos reunido. No hay malas canciones. Pero, como álbum, el todo no es mejor que las partes, y eso me desconcierta”, (Bono).
El 2009 los encuentra con nuevo disco bajo el brazo No line on the hotizon. Es un álbum donde surge la entrega ante un mundo urgente. Con un sonido explícito teñido de sintetizadores y sobre grabaciones que quizás empañen el concepto final. Son canciones con una estructura lateral lasciva. Esta corrido por una vertiente de inspiración épica, mareado alrededor de un mismo sonido.
La dirección artística esta a cargo del ya estable equipo en las grabaciones de la banda irlandesa. La dupla Eno / Lenois. Este disco de U2 demuestra ser una evolución más en su intenso camino. “Este disco trata del mundo y del deseo de salir de él para escapar. Es un disco muy personal”, (Bono).
Pero es sábado 2 de abril de 2011 y U2 está a punto de comenzar su segundo show en Buenos Aires y todo lo demás no importa. Las luces se apagan 21:34 y los cuatro de Irlanda salen a escena. Lo primero que impacta es el sonido arrollador que logra empañar algo la voz de Bono, pero él es la esencia, y hace delirar a todo el estadio. La puesta en escena deja al público en un estado de júbilo y delirio. El inmenso escenario los deja libres. La poderosa guitarra de The Edge guía el sonido de la banda. Los acordes del bajo de Adam Clayton demuestran valentía y poder y los golpes en la batería de Larry Mullen Jr. llevan a un ritmo furioso este viaje en la capital de la provincia de Buenos Aires. Pero nada es al azar. La puesta de luces junto con la pantalla que, por momentos, calca al escenario, es demasiado para los ojos y los oídos de un ser humano. Un estadio colmado. Ellos tienen el control y lo ocupan con canciones. Escaleras movibles los acercan de a ratos a un público que se rinde a sus pies.
U2 logra honestidad y emoción. Sensatez y espacio lírico. Bono durante todo el concierto va a querer llevar el público al escenario, allí, viviendo cada canción con ellos. Un espíritu de libertad y honestidad se respira en la cancha. Un concierto dado desde el corazón, con picos de emoción en canciones como One o la versiòn acústica en manos de la dupla The Edge/Bono de Stuck in a moment you cant`t get out of.
U2 es una banda de una gran llegada con su público, no sólo por su música, si no principalmente por su sencillez y grandeza intelectual, cargado de “inocencia y experiencia” colectiva. El talento nunca los deja de lado y sus canciones hablan de que todo sueño es posible.
Estos 4 muchachos simples de Dublín, que alguna vez fueron compañeros de colegio, no vinieron a demostrar nada. Sólo que después de 35 años juntos, valió la pena formar una banda.
¿Cuál es la misión de U2? En palabras de Bono: No ser falsos. Ir a un lugar muy oscuro dentro de uno mismo es muy caro. Muchas bandas llegan a un determinado nivel de confort y no quieren estar ahí. U2 sigue lista para estar ahí, y pensamos que hay mucho por demostrar todavía.
2 horas 20 de concierto hicieron de las palabras del cantante la realidad más absoluta.
Algunas mejillas con lágrimas que caen y murmullos que apenas se dejan oír, harán terminar la noche.
04 04 2011
Descanso
Sobre cómo abordar el otoño entre lo que se ha perdido y lo que se ha encontrado. No mirar el pasado. Olvidar el futuro. Cicatrizar la verdad hasta que el hígado aguante y las piernas sostengan. Un punto de apoyo casi despierto rendido a las delicias del trueno. Trenes en despedida sobre una canción de cuna. Ese veneno rudimentario que oculta la razón y el impulso reiterado de refugiarse más allá de la lluvia. Esconder una semilla de golondrina frente al mar, sin abandonar la espuma en el vaivén de los astros.
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