Destino inmortal de
la esquina de frutas
y verduras que supo
trascender su tiempo
El edificio de las madrugadas
trabajosas que dejò sus puestos
y carros en el viejo empedrado
transita su camino en el refugio
de sus paredes hoy centenarias.
El ilustrado mercado de Abasto, fruto de convergencias y desamores situado entre las calles Lavalle, Anchorena y Agüero es uno de los centros más visitados y con más anécdotas de la ciudad. Este edificio, hoy devenido Shopping, se ideó a fines del SXIX gracias al acuerdo de un grupo de inmigrantes italianos que le pusieron forma hasta convertirse a partir de la reforma de 1934 en el centro de frutas y verduras, junto con pescados y carnes, más importante de Buenos Aires y luego de América del Sur. Caminando por sus veredas se pueden descubrir la antigua casa de Carlos Gardel, sobre la calle Jean Jaurès, donde vivió con su madre hasta su trágica muerte en 1935. Recorrer entre paredes fileteadas y decoradas ese laberinto es soñar esos años que cuidan la memoria del barrio que lo vio crecer. El hombre de las mil sonrisas se convirtió en ese señor de Buenos Aires que nunca envejece. Perdurará eternamente para todo aquel que lo quiera escuchar y sabrá que su silencio, lleva una melodía que seguramente nos reconoce y nos toca. El silbido de los hombres de traje y sombrero, las mañanas trabajosas de un lugar que creció construyendo sueños a fuerza de “vaquitas ajenas”. El inmigrante que se movía en un barrio sin diferencias ni concesiones terminó por definir sus triunfos y fracasos en una tierra desconocida que adoptó como suya.
Entre bares y fondas, el barrio desde donde nació el tango, esconde en un rincón a uno de los ejecutantes del bandoneón más importantes y admirados que dio este recinto porteño. Aníbal Troilo. “Pichuco” supo embellecer con sus exquisitas melodías a varias generaciones que siguieron su música y caminaron la avenida angosta haciéndose cómplices entre “sabihondos y suicidas”. Supo nutrir de nostalgia a aquellos corazones que deambulaban corroídos por la niebla. Por una ciudad borracha que se preguntaba a si misma entre la volaración de un mundo hostil y la noche indiferente de tacos altos vestida de mujer.
El barrio del Abasto supo parir las frustraciones de una calle de luces y sombras acariciadas por el alcohol y límites violados surgidos por el frío de la madrugada y la desatención de esta porción de la ciudad indefensa. Matices de un mismo color fueron encontrados en las vidas que supieron subsistir bajo los anales de la lluvia. En la misma avenida pero a la vez lejos de su encuentro con los libros, teatros y cafés y el amparo del obelisco. Aquí las conversaciones fluctuaban entre grandes esperanzas en vano y cuentos de utopías de un vivir mejor para los sueños de los pobladores.
Un profeta italiano con estricta educación inglesa y huyendo de los excesos de una vida sin retorno, aterrizó primero en las sierras cordobesas en la casa de un amigo para luego terminar sus días en el barrio del antiguo puesto de frutos abandonado. Luca Prodan fue la voz de Sumo e hizo de su lugar de residencia, una inmortal canción que hace temblar al más escéptico. “Mañana en el Abasto”. Tomates podridos por la calle del Abasto / podridos por el sol que quiebra las calles del Abasto / Hombre sentado ahí, con su botella de Resero / los bares tristes y vacíos ya / por la clausura del Abasto.
Bajo la noche casi siempre desvelada de esta porción de Buenos Aires sobrevuela un murmullo de carretas por calles empedradas, entre carros y manos percudidas por el traslado de canastos con sus frutas, verduras, pescados y carnes con el tranvía como fiel testigo. Mientras el “Morocho del Abasto” sonríe en cada porción de su barrio con su mirada de hombre valiente y afortunado en su esquina feliz.
Julio Cotázar
martes, 19 de julio de 2011
Mi Buenos Aires querido
Mi Buenos Aires querido
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera
Mi Buenos Aires querido,
cuando yo te vuelva a ver
no habrá más pena ni olvido.
El farolito de la calle en que nací
fue el centinela de mis promesas de amor,
bajo su inquieta lucecita yo la vi
a mi pebeta luminosa como un sol.
Hoy que la suerte quiere que te vuelva a ver,
ciudad porteña de mi único querer,
y oigo la queja de un bandoneón
dentro del pecho pide rienda el corazón.
Mi Buenos Aires, tierra florida,
donde mi vida terminaré,
bajo tu amparo no hay desengaños,
vuelan los años, se olvida el dolor.
En caravana, los recuerdos pasan,
como una estela dulce de emoción.
Quiero que sepas que al evocarte
se van las penas del corazón.
La ventanita de mis calles de arrabal
donde sonríe una muchacha en flor;
quiero de nuevo hoy volver a contemplar
aquellos ojos que acarician al mirar.
En la cortada más maleva una canción
dice su ruego de coraje y pasión;
una promesa y un suspirar
borró una lágrima de pena aquel cantar.
(Coro)
Mi Buenos Aires querido,
cuando yo te vuelva a ver
no habrá más pena ni olvido.
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera
Mi Buenos Aires querido,
cuando yo te vuelva a ver
no habrá más pena ni olvido.
El farolito de la calle en que nací
fue el centinela de mis promesas de amor,
bajo su inquieta lucecita yo la vi
a mi pebeta luminosa como un sol.
Hoy que la suerte quiere que te vuelva a ver,
ciudad porteña de mi único querer,
y oigo la queja de un bandoneón
dentro del pecho pide rienda el corazón.
Mi Buenos Aires, tierra florida,
donde mi vida terminaré,
bajo tu amparo no hay desengaños,
vuelan los años, se olvida el dolor.
En caravana, los recuerdos pasan,
como una estela dulce de emoción.
Quiero que sepas que al evocarte
se van las penas del corazón.
La ventanita de mis calles de arrabal
donde sonríe una muchacha en flor;
quiero de nuevo hoy volver a contemplar
aquellos ojos que acarician al mirar.
En la cortada más maleva una canción
dice su ruego de coraje y pasión;
una promesa y un suspirar
borró una lágrima de pena aquel cantar.
(Coro)
Mi Buenos Aires querido,
cuando yo te vuelva a ver
no habrá más pena ni olvido.
Rayuela
Viviré en cajas de muñecas,
tendré vestidos con puntos de colores
y en mis pies zapatos de charol.
Viajare por el mundo atada
a los hilos de los barriletes.
Me ganare la vida cazando nubes esponjosas
para traerlas mas abajo
en forma de algodón de sueños y azúcar rosa.
me dedicare a colgar sonrisas
en toda pared blanca de esperanza y
Sacare de mi cartera
cuanto poema necesite dedicar
a los que buscan una flor en todo balcón,
para que nadie nunca , nunca
deje de jugar a la rayuela.
Julio Cortázar
tendré vestidos con puntos de colores
y en mis pies zapatos de charol.
Viajare por el mundo atada
a los hilos de los barriletes.
Me ganare la vida cazando nubes esponjosas
para traerlas mas abajo
en forma de algodón de sueños y azúcar rosa.
me dedicare a colgar sonrisas
en toda pared blanca de esperanza y
Sacare de mi cartera
cuanto poema necesite dedicar
a los que buscan una flor en todo balcón,
para que nadie nunca , nunca
deje de jugar a la rayuela.
Julio Cortázar
Encuentro pasado despidiendo antiguos dioses. Desfile inconciente derribado. El norte caído en el sueño de la tormenta inundada en un pozo de huesos. Exhiben carros en laberintos de madera. De frente al sol, dibujados en monólogos cubos de saliva. Formulando preguntas en la eternidad de la angustia inicial. O acaso esquivar la muerte. Esa metamorfosis que se escabulle entre los senos de la breve cárcel.
lunes, 18 de julio de 2011
40 años de rock Nacional
En los albores de la música rock en Argentina, el público que lo siguió a través del tiempo, desde luego fue partícipe de sus actos, sus costumbres y hasta se sintieron identificados con su manera de pensar, de vestir y de vivir la vida. A mediados de la década de 1960, el rock era marginal, algo que muy pocos escuchaban, menos seguían. No era difundido, no era promocionado, la gente que lo descubría se juntaba en las casas a compartir sus discos y sus historias. Eran los comienzos del rock en castellano, las bandas comenzaron a sonar en garajes, a escondidas. Cantaban covers principalmente de The Beatles o en su menor medida de los incipientes The Rolling Stones, que aún no habían grabado temas propios. Durante gran parte de esa década eran una banda de blues buscando su camino de expresión.
En Junio de 1967 se editó “La Balsa” de Los Gatos, compuesta por Litto Nebbia y Ramses VII o “Tanguito”, en el baño de “La Perla” del barrio de Once. A partir de ese momento la banda creció repentinamente en convocatoria llenando todos los lugares donde tocaban. El estilo beat de Los Gatos enloqueció a un público ávido que descubría que el rock podía ser cantado en nuestro idioma. Durante ese año vendieron más de 250.000 copias con el simple “La Balsa” en el lado A y “Ayer nomás” en el lado B, un tema re-interpretado por Los Gatos a partir de su versión original compuesta e interpretada por Moris. En esa época un jovencísimo Luis Alberto Spinetta, junto a sus compañeros de colegio del barrio porteño de Belgrano, Edelmiro del Guercio, Edelmiro Molinari y Rodolfo García, fundaba Almendra, sencillamente un respiro de luz, belleza y poesía para un público siempre perseguido y apartado en una sociedad que crecía entre golpes militares y manifestaciones con represiones masivas de gran alcance nacional como fue “el Cordobazo” en mayo de 1969. Manal y Vox dei estaban dando sus primeros pasos en esta época con un lirismo y trato de la música desbordante para la época. En la orilla, del otro lado del atlántico, en la ciudad de París, se llevaba a cabo una manifestaciòn que recorrería el mundo hippie de esos años, el mayo francès, lo que provocó cambios realmente decisivos en la sociedad.
Comienza 1970 y el rock se llena de furia con Pappo tocando en La Pesada de rock `n roll y luego formando un trío junto a Black Amaya y David Lebòn llamado simplemente Pappo`s blues. Su gente ya identificada con su estilo y sus letras ensancha la capacidad de asombro junto a su maestría con su guitarra y su manera de mirar el mundo.
El estallido social va a comenzar con un episodio siniestro en la República Argentina, el secuestro y posterior asesinato de Pedro Aramburu, responsable de la desaparición del cadáver de Evita y de los fusilamientos de militantes peronistas en un descampado de León Suárez en 1956. Esto inicia el primer movimiento guerrillero con Montoneros. En tiempos violentos y veredas sin distinción, el rock iba a ser un sostén de realidad y conciencia para aquellos que lo siguieron. De pronto, los recitales se realizaban por la mañana sólo sábados y domingos. La barba y el pelo largo eran siempre sospechosos, obligados a cacheos e interrogatorios sin sentido. Andar de noche se había vuelto peligroso.
Dos compañeros de colegio oriundos de Caballito forman una de las bandas más recordadas y emocionantes del rock argentino, Sui Generis. En 1972 lanzan su primer álbum, Vida, y una ansiada esperanza se apodera en los jóvenes. “Poco a poco fui creciendo y mis fábulas de amor se fueron desvaneciendo como pompas de jabón”, cantaba un iluminado García. Temas en formato Folk, letras para una generación aturdida y sombreada en un constante malestar. Luego vendría el maravilloso “Confesiones de invierno” y al año siguiente “Pequeñas anécdotas sobre las instituciones”, con varias canciones censuradas, para luego culminar en 1975 con un mega-retal en el Luna Park ante más de 25.000 personas. “Y si bien yo nunca había bebido / en la cárcel tuve que acabar. / La fianza la pagó un amigo / las heridas son del oficial., cantaba García desde el escenario con un público que le agradecía en aplausos. Mientras tanto Luis Alberto Spinetta formaba “Pescado rabioso” con riffs de guitarra distorsionados y un sonido mucho más directo que su banda anterior. Luego formaría Invisible, un trío potente y ancestral a la vez, con una base rítmica que mezclaba rebeldía con virtuosismo. El debut de la banda en público fue en el Teatro Astral en Noviembre de 1973. Ante un público fascinado con el nuevo grupo del flaco.
La década de 1980 iba a empezar opacada, con una dictadura que había hecho un destrozo moral inusitado para la época, con un grado de violencia y represión sin precedentes. El dictador de turno, Leopoldo Galtieri, en abril de 1982, tuvo la nefasta idea de querer recuperar las Islas Malvinas al país menos indicado, Gran Bretaña. Durante esos meses sólo se podía difundir por la radio música nacional; músicos como León Gieco y Juan Carlos Baglietto, entre otros, fueron difundidos como nunca antes lo habían sido con un público cada vez más perseguido y perdido a la vez.
En Diciembre de 1983, con el advenimiento de la democracia, comenzó lo que se diò a llamar una nueva etapa; bandas como Virus, Soda Stereo, Sumo, Los Violadores o Los Redonditos de ricota, comenzaron a tener una importante convocatoria en lugares como Zero o Einstein, pubs donde todo estaba permitido y una nueva página en el rock se estaba escribiendo. Un público expectante y desinhibido disfrutaba de un momento que esta destinado a ser historia.
Los años 90 siguieron con nuevos excesos y el hedonismo pop se adueñó de nuestras costumbres. Bandas de todas las latitudes llegaron a estas pampas opacando las bandas de acá, y su público se fue reformulando y mutando a través de los años. También es verdad que la tecnología a nuestro alcance y el grado de masividad de bandas nacionales llenaran estadios.
El público siempre se auto declaro muy roquero y como un perro andaluz para sus bandas preferidas, sin dejar de lado su aguante y hermandad.
En Junio de 1967 se editó “La Balsa” de Los Gatos, compuesta por Litto Nebbia y Ramses VII o “Tanguito”, en el baño de “La Perla” del barrio de Once. A partir de ese momento la banda creció repentinamente en convocatoria llenando todos los lugares donde tocaban. El estilo beat de Los Gatos enloqueció a un público ávido que descubría que el rock podía ser cantado en nuestro idioma. Durante ese año vendieron más de 250.000 copias con el simple “La Balsa” en el lado A y “Ayer nomás” en el lado B, un tema re-interpretado por Los Gatos a partir de su versión original compuesta e interpretada por Moris. En esa época un jovencísimo Luis Alberto Spinetta, junto a sus compañeros de colegio del barrio porteño de Belgrano, Edelmiro del Guercio, Edelmiro Molinari y Rodolfo García, fundaba Almendra, sencillamente un respiro de luz, belleza y poesía para un público siempre perseguido y apartado en una sociedad que crecía entre golpes militares y manifestaciones con represiones masivas de gran alcance nacional como fue “el Cordobazo” en mayo de 1969. Manal y Vox dei estaban dando sus primeros pasos en esta época con un lirismo y trato de la música desbordante para la época. En la orilla, del otro lado del atlántico, en la ciudad de París, se llevaba a cabo una manifestaciòn que recorrería el mundo hippie de esos años, el mayo francès, lo que provocó cambios realmente decisivos en la sociedad.
Comienza 1970 y el rock se llena de furia con Pappo tocando en La Pesada de rock `n roll y luego formando un trío junto a Black Amaya y David Lebòn llamado simplemente Pappo`s blues. Su gente ya identificada con su estilo y sus letras ensancha la capacidad de asombro junto a su maestría con su guitarra y su manera de mirar el mundo.
El estallido social va a comenzar con un episodio siniestro en la República Argentina, el secuestro y posterior asesinato de Pedro Aramburu, responsable de la desaparición del cadáver de Evita y de los fusilamientos de militantes peronistas en un descampado de León Suárez en 1956. Esto inicia el primer movimiento guerrillero con Montoneros. En tiempos violentos y veredas sin distinción, el rock iba a ser un sostén de realidad y conciencia para aquellos que lo siguieron. De pronto, los recitales se realizaban por la mañana sólo sábados y domingos. La barba y el pelo largo eran siempre sospechosos, obligados a cacheos e interrogatorios sin sentido. Andar de noche se había vuelto peligroso.
Dos compañeros de colegio oriundos de Caballito forman una de las bandas más recordadas y emocionantes del rock argentino, Sui Generis. En 1972 lanzan su primer álbum, Vida, y una ansiada esperanza se apodera en los jóvenes. “Poco a poco fui creciendo y mis fábulas de amor se fueron desvaneciendo como pompas de jabón”, cantaba un iluminado García. Temas en formato Folk, letras para una generación aturdida y sombreada en un constante malestar. Luego vendría el maravilloso “Confesiones de invierno” y al año siguiente “Pequeñas anécdotas sobre las instituciones”, con varias canciones censuradas, para luego culminar en 1975 con un mega-retal en el Luna Park ante más de 25.000 personas. “Y si bien yo nunca había bebido / en la cárcel tuve que acabar. / La fianza la pagó un amigo / las heridas son del oficial., cantaba García desde el escenario con un público que le agradecía en aplausos. Mientras tanto Luis Alberto Spinetta formaba “Pescado rabioso” con riffs de guitarra distorsionados y un sonido mucho más directo que su banda anterior. Luego formaría Invisible, un trío potente y ancestral a la vez, con una base rítmica que mezclaba rebeldía con virtuosismo. El debut de la banda en público fue en el Teatro Astral en Noviembre de 1973. Ante un público fascinado con el nuevo grupo del flaco.
La década de 1980 iba a empezar opacada, con una dictadura que había hecho un destrozo moral inusitado para la época, con un grado de violencia y represión sin precedentes. El dictador de turno, Leopoldo Galtieri, en abril de 1982, tuvo la nefasta idea de querer recuperar las Islas Malvinas al país menos indicado, Gran Bretaña. Durante esos meses sólo se podía difundir por la radio música nacional; músicos como León Gieco y Juan Carlos Baglietto, entre otros, fueron difundidos como nunca antes lo habían sido con un público cada vez más perseguido y perdido a la vez.
En Diciembre de 1983, con el advenimiento de la democracia, comenzó lo que se diò a llamar una nueva etapa; bandas como Virus, Soda Stereo, Sumo, Los Violadores o Los Redonditos de ricota, comenzaron a tener una importante convocatoria en lugares como Zero o Einstein, pubs donde todo estaba permitido y una nueva página en el rock se estaba escribiendo. Un público expectante y desinhibido disfrutaba de un momento que esta destinado a ser historia.
Los años 90 siguieron con nuevos excesos y el hedonismo pop se adueñó de nuestras costumbres. Bandas de todas las latitudes llegaron a estas pampas opacando las bandas de acá, y su público se fue reformulando y mutando a través de los años. También es verdad que la tecnología a nuestro alcance y el grado de masividad de bandas nacionales llenaran estadios.
El público siempre se auto declaro muy roquero y como un perro andaluz para sus bandas preferidas, sin dejar de lado su aguante y hermandad.
sábado, 16 de julio de 2011
Ruido de magia
Te vi como mecida en algo,
cubierta de racimos más que blancos.
Tu fuiste la querida en la tormenta,
no llega ya mi voz a tu alma.
Las ostras se han servido de tu nácar,
mientras oigo tu ruido, ruido de magia.
Recuerdo haberte amado así dormida,
en quellos que fueron débiles sueños,
crepúsculos de fuego sobre tu noche.
Y así palpita el dios que fuiste,
bailando entre las piernas gigantes,
verás que nuestra danza está quebrada.
Invisble
El jardín de los presentes (1976)
cubierta de racimos más que blancos.
Tu fuiste la querida en la tormenta,
no llega ya mi voz a tu alma.
Las ostras se han servido de tu nácar,
mientras oigo tu ruido, ruido de magia.
Recuerdo haberte amado así dormida,
en quellos que fueron débiles sueños,
crepúsculos de fuego sobre tu noche.
Y así palpita el dios que fuiste,
bailando entre las piernas gigantes,
verás que nuestra danza está quebrada.
Invisble
El jardín de los presentes (1976)
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